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La Escort Aisha

Aisha es como una tigresa en la cama

Pocas veces he visto tanta agilidad y potencia en una chica como pude comprobar con la escort Aisha, la chica nueva del Club de escorts de Barcelona. Escurridiza como una serpiente, bronceada, sana y deportista, se notaba que todos los días cuidaba su cuerpo como pocas. Es fantástico pasar un rato con esta preciosa chica, sabe en cada momento cuándo necesitas sus cariñosos abrazos o levantarte el ánimo si te observa decaído.

La Escort Aisha

Me la presentaron en la barra del Club, mientras tomaba un refresco. Es una chica tan abierta e interesante que enseguida congeniamos. Hablamos sobre nuestros gustos y coincidimos en el mutuo interés que sentíamos por el ejercicio físico y lo que disfrutábamos haciendo footing por la playa.

Eso nos dio pie a tocarnos por nuestras distintas partes del cuerpo, para comprobar la consistencia de nuestra musculatura. Cuando me sugirió que nos fuéramos a un lugar más íntimo, no lo dudé, así que decidimos marcharnos juntos a mi habitación del hotel.

Lo primero que hizo Aisha fue quitarse la chaqueta y alargarse en el pequeño sofá de la habitación. Sus piernas son largas, preciosas y muy musculadas. Da gusto pasar la mano por sus muslos tan duros, como acariciar su cuerpo atlético. Su culo es espectacular, da ganas de comerlo.

Lo primero que me preguntó fue si me apetecía un masaje erótico. Me acosté sobre la cama enseguida, quitándome la parte de arriba y ella preparó una toallita y sacó un frasquito de aceite de su bolso de mano.

Me dio una paliza brutal. Me sacudió cada parte de mis extremidades, dejándome rendido. Ella sonrió sin decirme nada. Cada vez bajaba más el ritmo de sus imposiciones hasta que se iban tornando en caricias, en lo que yo entendía como masaje erótico. Curiosamente, la paliza previa había relajado mis músculos pero las caricias de ahora provocaban un estímulo propicio que irrigaba mi pene de manera involuntaria. Nada más tocarme el pene, se levantó como un resorte automático y con una potencia desconocida para mí.

Notaba como el calor se dispersaba por todo mi cuerpo, un calor desprendido por los golpes y que las caricias iban distribuyendo hasta convertirlo en un placer pasivo. Se sentó encima y se introdujo mi pene, balanceando su cuerpo elástico hacia todos lados. Aisha me estaba follando literalmente. Pocas veces me había quedado tan satisfecho como me sentí tras la sesión gimnástica pasiva con esta tigresa bronceada y salvaje de Aisha.

Dafne Scorts

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