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Escorts Barcelona

La escort sustituta

Reconozco que ese jueves trabajé hasta la extenuación para terminar antes de lo habitual. Quería ir a la agencia de escorts Barcelona y pasar un buen rato con mi escort habitual. En mis visitas a Barcelona faltaba algo, es decir, no conocía a nadie, sólo iba a trabajar y volvía para casa a cientos de Km. de distancia. Barcelona ahora, con Silvia, la chica en cuestión, en mi mente, seductora, femenina, suave, cálida, agradable, se me hacía más interesante todo.

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Pero al entrar en el Club de escorts y no verla me alteró los planes. Otra chica que servía en la barra me dijo que Silvia tenía ese día libre. Qué casualidad, pensé. Y pedí una copa algo apesadumbrado. Enseguida se acercó una chica desde la pista de baile guapísima, muy sonriente, vestida con un pantaloncito corto y muy ceñido que hacía juego con una camiseta recortada que le dejaba al aire todo su abdomen. Con los tacones altos que calzaba, me pareció que su estatura me sobrepasaba. Movía su melena de color castaño casi como en un tic nervioso, pero al mismo tiempo convertía el gesto en un acto de lo más sexy, como invitando a que te acercaras para verle mejor su cara tan hermosa.

Hablamos un rato mientras tomábamos una copa y me preguntó si quería subir con ella a una de las suites para relajarnos. Tras unos segundos, en los que pensé en Silvia, le dije que sí. Ella caminó delante de mí y al subir las escaleras, descubrí unas piernas y un culo que quitaban el aliento. Estaba tan buena que sin dudarlo quería acariciarla y rodar con ella por esa enorme cama. ¿Te gusto? Me preguntó. Ante mi gesto afirmativo comenzó a quitarse la camiseta, pero la detuve. Quería desvestirla yo mismo. Así que me senté en la cama y la puse de espaldas. Le desabroché el sujetador y le dejé la espalda desnuda. Luego el pantaloncito, mientras lo bajaba le besé el culito, duro, suave, precioso.

Enseguida le di la vuelta y destacaron unas tetas muy bien plantadas, con unos pezones rosados a punto de estallarle. Sus labios carnosos palpitaban, los humedecía con la lengua sin exagerar la escena. Pasé la mirada por su pubis y vi depilada la zona, así que le lamí así de pie, mientras ella se contorneaba. Me agarraba del pelo y sin separarme la iba trasladando al lecho, en una maniobra delicada, y abriéndole las piernas, me sumergí en el abismo de pasión más placentero de lo que se puede imaginar.

Dafne Scorts

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