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fiesta erotica privada

Relato erótico: Una fiesta en parejas

Durante el camino de regreso a casa, los cuatro íbamos bastante alegres, por la bebida y por lo bien que lo habíamos pasado.

Mi mujer comentó que había hablado con Claudia y su marido y que iban a organizar una fiesta de sexo en su casa el sábado.

– Estáis invitados a la fiesta. – dijo mi mujer refiriéndose a Raquel y Ángel.

– ¿Cómo son esas fiestas? – preguntó Ángel.

– Desde que fuimos por vez primera a www.lavieenrose.es quedamos encantados con todo lo que el sexo puede darnos, por lo que ahora hacemos una o dos fiestas al año. Sólo pueden asistir parejas, normalmente nos juntamos 3 o 4 parejas. Las fiestas las organizamos en la casa de Claudia y David, cenamos y después organizamos algún juego erótico.

– ¿Y lo hacéis? – preguntó Raquel, algo ingenua.

– Claro. – respondió Mari.

– ¡Pero… delante de todos? – continuó Raquel.

– Claro. Eso es lo más excitante. – dijo Mari.

– ¿Y si tienes que hacer algo que no quieres o con alguien que no te gusta? – preguntó Raquel.

– Las únicas normas son el respeto y la educación. Nunca hemos tenido ningún problema. – le respondí yo.

Mary animó a Raquel, que parecía la más remisa:

– David es el campeón, en una de las fiestas folló 6 veces en una noche.

– ¿Cuántas mujeres erais? – preguntó Ángel.

– Cuatro. – respondió Mari.

– Manolo es el subcampeón, 4 veces en una noche. Emilio tiene un sexo enorme, 24 cm, y Pepe tiene un cuerpo de anuncio.

– ¿Y las mujeres? – preguntó Ángel

– A la mujer de David, Claudia, le encanta follar. Es un espectáculo verla. Siempre está dispuesta. Candelaria, la mujer de Pepe, siempre lleva el sexo depilado, tiene unas tetas de campeonato y es la más bi de todas. Pilar, la mujer de Emilio tiene unos orgasmos espectaculares y a Mary lo que más le gusta es chuparla. – respondí yo.

– ¿Y vosotros? – preguntó Mari.

– Pues a nosotros nos gusta mucho el sexo. A Raquel le gusta hacerlo en sitios raros, especialmente lugares públicos donde la puedan ver. – dijo Ángel.

Raquel me miró, al oír lo que decía su marido y se sonrió. Afortunadamente mi mujer y Ángel no se dieron cuenta de nuestras miradas.

– ¿Y cómo es Ángel? – preguntó Mari a Raquel.

– Como Claudia: Siempre está dispuesto. – dijo Raquel riéndose.

– ¿Habéis estado alguna vez en una fiesta de sexo? – les pregunté.

– No, nunca. – respondió Raquel.

– ¿Y habéis hecho intercambio de parejas? – seguí preguntándoles.

– Tampoco.- respondió Ángel.

– ¿Os apetece hacerlo con nosotros? Esta noche podemos hacerlo en nuestra casa, pues estamos solos; los niños están con los abuelos.

Ellos se miraron, consultándose.

– Sería un buen entrenamiento antes de decidirse sobre la fiesta de sexo. – continué.

– ¿Qué dices? – preguntó Ángel a Raquel.

– De acuerdo. – dijo Raquel después de unos segundos.

– Estupendo. – dije yo.

Continuamos hablando de sexo hasta que llegamos al piso.

Cuando entramos, Raquel y Ángel, estaban algo nerviosos.

– Tranquilos. Preparé unas copas. – les dije.

Mientras preparaba las copas, Mari dijo:

– Desnudémonos, así se nos quitaran todas las vergüenzas.

Mari dio ejemplo y fue la primera en desnudarse. Sólo tuvo que quitarse la túnica. Ángel no se sorprendió de que Mari no llevase nada debajo, lo que me confirmó que algo había habido entre los dos. Después Raquel se quitó el vestido y también se quedó desnuda.

– ¡No llevas bragas! – dijo Ángel sorprendido.

– Es normal. Si sales con bragas, llegas sin ellas, por eso, las que tenemos experiencia, salimos sin ellas. – dijo Mari sonriéndose y acercándose a Ángel para ayudarlo a desnudarse.

– Me las quité antes de salir. – dijo Raquel como excusándose.

Nos tomamos un trago desnudos, después Mari se acercó a Ángel, le hizo unas caricias, lo sentó en el sofá y ella se puso entre sus piernas, de rodillas y empezó a chupársela. Yo me acerqué a Raquel y empecé a acariciarle sus magníficas tetas, pero pronto, ella, tomó la iniciativa y me hizo sentar en el sofá, al lado de su marido, y copió la escena.

A continuación Mari, colocó a Ángel, se puso en cuclillas encima de él, se la metió dentro, se agarró al respaldo del sofá y empezó a moverse frenéticamente, jadeando con fuerza. Retiré a Raquel de mi polla, la levanté y la acerqué a la mesa, la senté en ella, Raquel abrió las piernas, yo se la metí hasta el fondo y ella se agarró a mi cuello y empezamos a besarnos, mientras yo la follaba con embestidas fuertes. Después de unas cuantas embestidas, Raquel me abrazó con sus piernas, se colgó de mi cuello, y me dijo al oído:

– Fóllame como antes.

Oímos el grito de Mari y el resoplido de Ángel cuando llegaron al orgasmo y poco después Raquel empezó a gemir, a suspirar y a decir:

– Más… dame más… sigue…

Raquel llegó al orgasmo y estuvo a punto de caerse porque aflojó sus brazos, entonces la senté en la mesa y ella se tumbó en la mesa, con los brazos descansando en la mesa. Volví a meterle la polla en su coño abierto, la agarré por las caderas y arremetí con fuerza, y movimientos largos y lentos. Raquel tenía los ojos cerrados y su cara reflejaba un gran placer con cada embestida que le daba. Un minuto después Raquel empezó a gemir y jadear, su vientre empezó a temblar, y su vagina a contraerse con fuerza, Raquel se movió de tal manera que mi polla se salió de su coño, cuando estaba a punto de correrme y tuve que ayudarme con la mano para correrme. De mi polla salieron varios chorros que cayeron en el cuerpo de Raquel.

– Siento haberme movido cuando te ibas a correr. – dijo Raquel.

– No te preocupes, me ha encantado y tú has estado fenomenal. – le respondí.

– ¡Menudo orgasmo Raquel! Puedes competir con Pilar. – dijo mi mujer.

Mari acompañó a Raquel al baño, y Ángel y yo nos quedamos solos en el salón.

– Nunca conseguí un orgasmo así de Raquel. – me dijo Ángel.

– Habrá sido la fiesta, la bebida y el morbo del intercambio. Mari, también ha tenido un buen orgasmo. – le dije para tranquilizarlo.

Nos servimos unas copas mientras esperábamos a Mari y Raquel, y hablamos de sexo.

– ¿Os vais a apuntar a la fiesta de sexo? – le pregunté.

– Depende de lo que diga Raquel. Por mi parte iría encantado. – respondió.

– Anímala, no os arrepentiréis. Dentro de unos años ya no podréis practicar el sexo como ahora. Los años pesan.

– Tienes una buena polla. ¿Cuánto mide? – le dije,

Él se rió y dijo:

– Algo más de 20 cm.

– Sólo te gana Emilio. La de Emilio es impresionante. – le dije.

En esto llegaron Raquel y Mari.

– Los hombres y la obsesión por el tamaño. -dijo mi mujer que había oído la última frase.

– Le decía a tu marido que está el segundo en el escalafón, detrás de Emilio.

– Es el primero en grosor. – dijo mi mujer.

– Si tú lo dices… – le respondí yo y todos nos echamos a reír.

– Te vamos a rifar, si vais a la fiesta de sexo. – dijo mi mujer, acariciando el sexo de Ángel.

– Yo ya he convencido a Ángel, ahora te toca a ti convencer a Raquel. – le dije a Mari.

– Raquel… si vas, tendrás varios orgasmos como el que has tenido, podrás realizar todas las fantasías que tengas en tu cabeza y no te arrepentirás de haber ido.

– Tal como lo pones, es imposible negarse. – respondió Raquel.

– Estupendo, entonces contamos con vosotros. – dijo Mari.

Mientras transcurría esta conversación, Mari y Ángel estaban de pie, apoyados en la mesa, compartiendo la copa de Ángel y Raquel y yo estábamos en el sofá, sentados, compartiendo mi copa. Ángel y Mari se metían mano de vez en cuando, y la polla de Ángel ya tenía media erección.

– Parece que se está animando. – le dijo Mari a Ángel, refiriéndose a su polla.

– ¡Cómetela! – dijo Ángel y Mari no lo dudó. Se puso en cuclillas, le agarró la polla con una mano y se la metió en la boca.

Raquel y yo nos miramos, ella se acercó y me dijo al oído:

– Tu mujer no ha quedado satisfecha.

– ¿Y tú? – le pregunté también al oído.

– Han sido los dos mejores polvos de mi vida. – me respondió Raquel.

En esto Ángel levantó a Mari, la sentó en la mesa, le abrió las piernas y empezaron a follar.

– Hazme disfrutar. – dijo Mari y se dejó caer en la mesa. Ángel le puso las piernas hacia arriba, apoyándolas sobre sus hombros y reanudó sus movimientos.

Mari no dejó de jalear a Ángel durante todo el tiempo que estuvieron follando, diciéndole:

– ¡Fóllame!

– ¡Dame más!

– ¡Rómpeme el coño!

– Más fuerte.

– Más rápido, que me viene…

– Sigue, sigue…

– No pares, no pares, …

Mari cada vez gritaba más fuerte y Ángel cada vez se la clavaba con más fuerza y rapidez.

Mari gritó y se retorció diciendo.

– Yaaaaaaaaaa

– Bastaaaaaaaa.

Pero Ángel seguía follándola, mientras la sujetaba impidiéndole que se moviese. Mi mujer seguía gritando de placer:

– Bastaaaaaaaaaaaaaa.

Ángel entonces sacó la polla y dirigiéndola al coño de Mari se corrió, entre grandes jadeos, ayudándose con la mano.

Cuando Mari se recuperó, se incorporó y dijo:

– Ha sido estupendo.

Y le dio un gran beso a Ángel.

Nos acostamos a las 6 de la mañana.

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